Me deslizé con suavidad entre las sábanas, sabía perfectamente que hoy descansaría sola ya que el sueño andaría molestando a otros, tampoco me importó,
tenía ganas de contemplar el techo durante horas y horas hasta que los primeros rayos de sol me acariciaran el rostro.
Siempre me ha gustado el amanecer, sin embargo, pocas veces he podido disfrutarlo en su plenitud, pocas por no decir casi ninguna. Supongo que hoy tampoco lo veré, tarde o temprano mis párpados se cansarán de escuchar el eco de mis pensamientos. Que les jodan.
Me dispuse a encontrar un principio por el cual comenzar a discutir en penumbra y silencio conmigo misma, pero en vez de eso decidí proponerme un juego: crear personajes imaginarios en los cuales incluir rasgos de la personalidad que siempre quise tener, es decir,
crear réplicas de mí misma, pero con todos los matices de los que no soy capaz de poseer.
Sonreí, me gusta mucho sonreír cuando nadie me ve, es la sonrisa más sincera que soy capaz de expresar, sin ser condicionada ni forzada. Esa sería una de las características de mi "nuevo yo", una sonrisa enorme, preciosa, sincera y que emane seguridad.
Conservaría mis ojos, porque pese a haber sido testigos de numerosas atrocidades (desde un juicio personal), siempre están vivos, y
son capaces de hablar sin palabras, algo que no todo el mundo es capaz de observar.
Pensé que ponerme a debatir qué partes de mi cuerpo me gustan y cuales no, sería una perdida enorme de tiempo, y aunque suelo disponer de todo el tiempo que necesito, hoy quiero ser práctica, por lo tanto dejar de lado lo físico, lo terrenal, y
meterme de lleno en el campo espiritual, abstracto, el más importante y menos valorado.
Con el paso de los años me he dado cuenta del atractivo que desprende todo lo bohemio, lo filosófico, lo emocional... en fin, ese tipo de aspectos de la vida. Muchas veces me siento así, e incluso hay días que llego a serlo,
paso a convertirme en una mota de color rojo pasión, caminando hacia el lado contrario del resto de motas, todas descoloridas.
Pero en esta ocasión, y ya que se trataba de un personaje echo enteramente por mi voluntad,
le doté de un aura totalmente colorida, transparente, con el toque de bohemia que antes comentaba,
con una lucha interna entre el optimismo y el pesimismo, pero siempre tranquila.
También le añadí, como si de una receta culinaria se tratara, una pizca de curiosidad hacia todo lo que le rodea y hacia todo lo que todavía no alcanza con su vista.
Valentía, don de palabra, comprensión, un gran corazón y una fuerza increíble fueron otros de los ingredientes de esta peculiar receta.
Pero sabía perfectamente que se me olvidaba algo fundamental, algo que no se si he perdido, si todavía no he encontrado o si no quiero reconocer que puedo tener, había olvidado la capacidad de amar.
Quise con todas mis fuerzas que mi personaje sintiera en sus carnes el placer y dolor del verdadero amor, no otro de tantos sucedáneos. Quise que llorara, gritara, se consumiera, gozara, brillara de amor.
Y creo que lo conseguí,
ella es perfecta, por lo menos para mí.
Todavía no se como llamarla, ni tengo claro si será morena o pelirroja, pero se que en sus manos tendrá el poder para conseguir todo lo que se proponga, y lo que no, también.
Estoy muy orgullosa de ella, y espero que ella se de cuenta.
Me esforzé muchísimo en su creación,
me escocían los ojos de la ternura que había destilado en mi mirada cuando imaginé que estaba entre mis brazos y me observaba con sus inquietos ojos azules. Pero sabía que hoy podría dormir tranquila, porque lo mejor de mí estaba grabado en su piel.
Bienvenida, te espera una compleja vida, de eso puedes estar segura.